Objetos (qualquier cosa que se te pueda ocurra en este mísmo instante), música, gente, sopa, vino, pa amb tomàquet, botifarres, furgonetas, rastas, piedras, ropa, ... el día 8 de Noviembre había muchas cosas en Mieres, pero sobretodo hubo reencuentros... muchos reencuentros. Algunos previsibles otros inesperados... pero siempre agradables.
Cientos de personas se reunen para intercanviar. Lo que sea, material, cultural, étnico, educativo, laboral, formativo, terapéutico... todo es hablar y llegar a un acuerdo. Es un día festivo. Suena la música, la gente bebe, come, habla, ríe y los niños juegan. Paradójicamente negociar es lo de menos, aquí lo material, aunque abunda, queda en un segundo plano, la gente ha venido a disfrutar del día.
Uno de los actos que más me gustó y me soprendió fué la famosa Sopa de Piedras. Una sopa realizada por todo aquel que quisiera ayudar, ya fuera trayendo ingredientes, cortando verduras, vigilando el fuego, sirviendo la sopa,... Os acordáis del cuento de la Sopa de Piedras? He aquí la versión de El Cuentacuentos, pa que hagáis un poco de memória. Y aquí otras posibles versiones e historia del origen.
Por mi parte, además de reencontrar amistades que hacía mucho que no veía, comer, beber y bailar; conseguí cambiar algún cómic y algún libro por pantalones, comida, un bloc de dibujo, tomillo y romero, alguna herramienta y hasta unas zapatillas de escalada... A raíz de esos cambios tube la oportunidad de conocer a personas con inquietudes e ideas fuera de lo común, de esas que a uno le llenan de esperanza.
En resumen, que más gente debería conocer y vivir este típo de eventos, seguro que a más de uno le haría canviar la forma de ver las cosas. Habrá que estar atentos a la próxima, ¿no?
Extras: Guy, desde el blog de la feria nos regala un video.
¿Necesitamos todo lo que compramos? ¿Quién se beneficia de que consumamos desmesuradamente? ¿Dónde termina nuestra basura? ¿Se puede cambiar el sistema?
A pesar de centrarse un poco en Estados Unidos, esta valiosa lección sobre la insosteniblidad nos sirve para todo el primer mundo... y seguro que, por más que sepáis del tema, vaís a aprender algo con esta presentación tan bien hecha. Seleccionad vuestro idioma y disfrutadla... vamos a ver si entre todos, y a la larga, podemos romper con esa flecha de oro y con nuestra estupidez.
Hará como 5 ó 6 años escuché por primera vez lo de “reciclar comida”, salía de la boca de unos amigos del pueblo que se habían ido a vivir a Barcelona. Yo debía tener unos 18 ó 19 años y aquello me sonaba más raro que un perro verde.
Algunas veces al año bajaba a la capital y me quedaba a dormir en su casa. En una de estas ocasiones, les acompañé a reciclar y por fin pude ver con mis propios ojos de que trataba todo aquello. Al poco de cerrar los comercios del barrio pasamos por al lado de un par de verdulerías. Junto a los contenedores de basura había cajas de madera apiladas y dentro de las cajas algunas piezas de fruta o verdura. A primera vista todas parecían estropeadas e inservibles, pero mirando con más detenimiento, algunas solo tenían un golpe, una rozadura o una sencillamente estaban demasiado maduras para ser vendidas. Pero podían consumirse perfectamente.
Típica imagen en los containers de cualquier supermercado.
Yo ya sabía que en el mundo se desperdicia comida, que los comercios tienen sobre-stocks, los franceses tiran verdura en la frontera y todas esas cosas que salen en las noticias; pero descubrir aquel hecho de primera mano fue un golpe de realidad.
Con el tiempo he ido conociendo a más gente que recicla comida. Si bien yo no lo hacía, mayormente por falta de tiempo, aprendí muchas cosas sobre el tema en Granada. Allí tuve amigos que prácticamente se alimentaban solo de lo que reciclaban.
Bueno, a día de hoy, siempre que me es posible, voy a reciclar. Las razones son (o pueden ser) muchas, depende de cada caso se hará por unas cuestiones u otras. Esta labor tradicionalmente atribuida a mendigos o pobres, ha sido adoptada por gente que quizá realmente no lo es, pero ha conocido una realidad y sencillamente se aprovecha de ello.
Una joven, aparentemente con recursos, cojiendo fruta de una basura.
Yo entraría en este segundo grupo. Además de ahorrarme bastante dinero en fruta y verdura (lo que más se suele encontrar), creo, de la misma forma que puedo reciclar un mueble viejo o un montón de periódicos usados, que no estoy colaborando de forma tan directa en esta vorágine consumista desmesurada.
Sencillamente me duele tirar comida. Jamás lo hago en mi casa (a no ser que esté mala, claro está), y me da pena ver como la sociedad occidental la tira solo por el hecho de no ser “vendible”. Ya no hablo solo de la fruta pocha que me pueda encontrar en el suelo junto a unas cajas de madera rotas después de un día de mercado, sino que en el proceso de comercialización de esas frutas, las que no cumplan unos determinados requisitos (mediadas/peso/color) sean tiradas, etc. Aún en estar en perfecto estado para consumir. (Aquí tenéis una noticia relacionada donde podéis ver algunas de las normas que impone la Unión Europea respecto a la comercialización de fruta y verdura.)
No serán unas zanahoraia modelo, pero están igual de ricas, seguro.
Hay que diferenciar el “producto óptimo para la venta” del producto “óptimo para el consumo”. En esa diferencia radica el hecho de ser consecuentes con nuestro despilfarro material y por tanto, reciclar.
Existen mil formas de hacerlo. Yendo al mercado a última hora y llevarte cajas de fruta o pescado que iba a ser tirada/o por poquísimo dinero, cogiendo la fruta que se ha pochado en casa y haciendo compota, mermelada o una sencilla macedonia, hacer purés con la verdura, etc. También, estando en Granada, tuve amigos que sencillamente iban a las panaderías o fruterías y les preguntaban si podían guardarles el pan de ayer o la fruta mala, de un día para otro, y luego se la daban en mano. ¿Hablando se entiende la gente, no?
Aquí barras de pan en la basura y allí gente muriendo de hambre.
Si pretendéis lanzaros a la aventura de reciclar comida de la basura, hay varias cosas a saber. Lo mejor es ir después de los mercados, sabes que esa fruta hace unos minutos estaba en un puesto e iba a ser vendida. También están las panaderías que cada madrugada (eso dependiendo de la panadería) tiran el pan que les sobró el día anterior.
Por otro lado están los supermercados. Allí encontraréis de todo, en su mayor parte vegetales o frutas, y quizá pan. En algunos se puede reciclar lácteos, carne y demás cosas de nevera o sencillamente cualquier producto que haya pasado de fecha. Estos establecimientos tiran cada día lo que va a caducar al día siguiente, pues nadie quiere comprarse unos yogures que caducan el mismo día que los compras (a no ser que te los rebajen, solución por la que algunos comercios optan).
Tampoco os penséis que esto es una ganga. La mayoría de supermercados tienen los contenedores en un patio cerrado o directamente con un candado para que nadie acceda a ellos. Digamos que alguien rebuscando en sus contenedores es una mala imagen. También existe el rumor de comida contaminada, rociada con lejía o cosas así. Yo no conozco ningún caso de cerca, pero tomad siempre vuestras precauciones. Eso sí, es totalmente ilegal que hagan eso y se les puede denunciar si es el caso, pues es un atentado contra la salud pública.
Algunos días se recoje mucho y otros no tanto...
Cuando lleguéis a casa lavad las piezas de fruta y verdura. Elegid las que realmente sirven o no, quitad las hojas marchitas, etc. Antes de comer cualquier cosa comprobad el sabor y el olor, y ante la duda mejor no correr ningún riesgo. Y sobretodo no cojáis lo que no pensáis usar, de donde lo habéis conseguido seguramente alguien venga después de vosotros.
Un día de suerte, sin duda.
Para la persona a la que le queden dudas o realmente quiera reciclar, imprescindible que se vea este documental. También para todos los demás, que aunque hayáis leído con escepticismo estas palabras, podréis haceros una mejor idea de lo que aquí se ha hablado.
"Los espigadores y la espigadora". Agnès Varda. Año 2000. 80 min.
Yo tampoco soy un experto en el tema ni llevo mucho tiempo reciclando, os he expuesto lo poco que sé. Si alguien quiere contribuir o contar su experiencia, encantado.
Este post se lo dedico a Karine, Lolo, Miguel, Andrea, Javi y otros con quien he aprendido estas y muchas otras cosas.
Salud para todos y mejores alimentos!!!
Edito para añadir más información al tema:
Hoy "yotubeando" un poco me he encontrado con estos interesantes videos. Una información complementária a lo que ya aprendimos sobre reciclaje de comida.
En el anterior artículo pudistéis ver mi visión, y la visión de Agnès Varda, creadora de "La espigadora y los espigadores". En esta ocasión os presento dos nuevas prespectivas de un mismo acto: recoger la comida que otros no quieren.
Desde Estados Unidos, os presento el Dumpster Diving ("Buceadores de Containers"):
Y el reportaje de Callejeros, abordando el tema en España:
Curioso el contraste entre los estudiantes universitarios con guantes y linternas frontales en contraposición a los inmigrantes y los abuelos del reportaje de Callejeros. Eso no significa que lo que se vé aquí no suceda allí, ni tampoco viceversa. Eso sí, para mi gusto, demasiado sensacionalista el reportaje de Callejeros, pero lo pongo para que veáis que existen cosas como lo del Banco de Alimentos.
En blogs como el de sindinero.org se pueden encontrar información relacionada, he aquí un ejemplo: www.sindinero.org
Tener conciencia medioambiental, intentar aplicar “las tres R” es algo que aplico siempre que me es posible. Pero no porque crea que “es lo que toca”, que es hacer lo correcto, vaya de tío que recicla y se crea super guay y moderno por ello, o ni siquiera porque crea que es la manera de arreglar el mundo; sino porque siento admiración y respeto por la naturaleza.
Me ocurre desde que era pequeño. No sé si fueron las excursiones que hacia con mi abuela por la montaña (las recuerdo como si fueran ayer), la educación naturalista y respetuosa que he recibido en mi casa, algo que brotaba desde dentro, o una conjuncion de las anteriores. Pero la cuestión es que me sigo maravillando con cada excursión al bosque, ante la visión de una playa virgen o un lugar árido y desértico. Y por supuesto me duele ver cascajos o basura tirada en cualquiera de estos parajes. Ya no hablemos de urbanizaciones, deforestación o catástrofes provocadas por el hombre en su afán de seguir sonsacando recursos naturales de la tierra.
Sé que “las tres R” no son “la gran solución”, pero aún así sigo haciéndolo.
El mundo lleva un desarrollo insostenible desde que empezó la era industrial, la población se ha multiplicado no sé ni cuantas veces, y los humanos nos hemos convertido en el cáncer de la tierra. Hemos extinguido especies animales, destruido ecosistemas, alterado los ciclos de temperatura… Somos tantos millones, produciendo tanta basura y consumiendo tantas materias primas (y llevamos tantos años haciéndolo y cualquiera para esta máquina), que creo que haría falta que todo dios volviera a la edad de piedra para dar un respiro a la tierra. Y está claro que eso no va a pasar. El humano es tan tonto (o tan ciego) que no ve el problema hasta que se choca de bruces con él. También existe la solución de eliminar el cáncer, es decir exterminar a la especie humana, pero claro, perteneciendo a ella, cualquiera empieza.
¿Mi punto de esperanza en todo este asunto? Pues no es para los humanos, es para la tierra. Un día el hombre desaparecerá. Quizá por ser su propio depredador, o porque la tierra a decidido reestablecer su equilibrio tomando un revulsivo contra ese pesado cáncer que se la estaba apropiando. Entiéndase revulsivo como catástrofes naturales o similares. En resumen, creo/espero que la tierra tiene capacidad para recuperarse de todo el daño que le hemos (y estamos) causando, pero nosotros no aparecemos en ese proceso de recuperación.
Vale. ¿Entonces porqué seguir reciclando y demás si todo va a acabar saltando por los aires? Yo ya os he explicado porque lo hago. Además de que creo que se puede frenar un poco el avance hacia ese abismo. Las mentalidades cambian muy rápido en la era de la información y quizá las futuras generaciones hasta nos sorprenden (dicen que la esperanza es lo último que se pierde). Pero basta de divagaciones e intentar arreglar el mundo y centrémonos en el tema.
En primer lugar no quiero ser un hipócrita, y me autoinculpo de no hacer siempre caso de lo que yo mismo predico. Si llevara estos tres preceptos a rajatabla seguramente viviría en una eco-aldea sin electricidad ni agua corriente, pero de momento no he querido renunciar a los ordenadores, la tecnología y en definitiva a las comodidades de la vida moderna. Pero siempre buscando el equilibrio. Dicho esto, empecemos.
REDUCIR: “Compro lo necesario, no lo conveniente.” Esta frase no es moderna, ni de ningún ecologista barato, de hecho fue escrita mucho antes de que se oyera hablar de problemas medioambientales. Es de Publio Ovidio Nasón (43 a.C. – 17 d.C.). Creo que con ella queda claro: cuantas menos cosas adquiera, menos recursos naturales arrebataré de la tierra y menos basura generaré. Ejemplo básico: bolsas de plástico. En mi opinión esta es la R de más importancia y que más nos cuesta a todos... con lo maravilloso y útil que es ser capaz de desasirse de las cosas materiales.
RECICLAR: Todos (o casi todos) sabemos lo que es reciclar. Transformar algunos de los residuos otra vez en materia prima para que la industria pueda volverlo a manipular y crear objetos útiles. Hay gente que dice que es una cantidad de energía, tiempo y dinero malbaratado, pero cuando ya no les quede de donde sacar materia prima ya correrán a reciclar ya.
REUTILIZAR: Aquí viene la parte interesante. La que casi nadie aplica, la más difícil de entender y la que más nos pide de nuestra parte. Reducir puede ser fácil (además nos ahorramos dinero), reciclar requiere poco tiempo y un pelín de espacio en la cocina (bueno, se puede hacer y me deja la conciencia tranquila), pero reutilizar requiere más tiempo, imaginación (o conocimientos) y sobretodo ganas. Reutilizar puede ir desde usar las dichosas bolsas de plástico del super para la basura en vez de comprar de nuevas (mira, ahorrando dinero otra vez), hasta utilizar el hueso del pollo para hacer sopa en vez de tirarlo. Muchas cosas tienen segundos y terceros usos o una parte del total te puede servir para otra acción. La lista sería interminable.
Ocurre muchas veces que ya no necesitamos un objeto, no sabemos como darle otro uso o no nos interesa. Si conocemos a alguien a quien pudiera serle útil se lo damos o vendemos, o lo ponemos en eBay a ver si alguien pica. Pero normalmente la gente no quiere perder el tiempo en eso, va a la basura y se deshace de ello tan tranquilamente. Libros, ropa, muebles, electrodomésticos, comida, juguetes, etc. etc. etc. De acuerdo hay cosas que no las quiere nadie, pero podéis ir a comprobarlo por vosotros mismos, la gente tira de todo, incluso cosas a estrenar.
Todos sabemos el típico caso de alguien que restaura muebles viejos, los coge de la basura y les da una segunda vida. Son incluso personas admiradas. ¿Pero y si vemos un mendigo rebuscando en la basura, con sus ropas sucias y harapientas, los pelos como un loco y las moscas revoloteándole alrededor? La gente los mira con asco, con miedo, apartan la mirada, o sencillamente los ignoran. ¿Es que esa persona no tiene dignidad? Sí, aparentemente, sus motivos son muy distintos al que recoge el mueble para restaurarlo, pero la acción es la misma.
Típica imagen que uno puede ver por la calle de una ciudad. Muebles viejos pero aún útiles esperando ser recogidos por el camión de la basura.
¿Pero es legal coger cosas de la basura? Pues sí y no. Hay países en que la basura se considera propiedad del estado (o de la Reina, en el caso de Dinamarca) y por lo tanto si te pillan, te cae una multa. Ya ves tú que daño les hace que alguien coja cosas de la basura, pero claro la imagen de mendicidad o pobreza no da buena imagen al país. En España se puede coger de la basura sin mucho problema (Y sí, es completamente legal, aunque quieran hacernos creer lo contrario). A veces aparece la figura de algún poli cabrón o alguien que se cree con la potestad de sermonear y abroncar, e incluso echar a patadas, a quien coge de la basura. Normalmente también porque está mal visto. Eso sí, si coges algo, procura no ensuciar la vía pública, por eso sí que pueden multarte en España.
Parte de la culpa de que se tiren todos esos objetos es que no existen demasiadas facilidades, ni para el que ya no la quiere ni para el que la busca. No hay un gran mercado de cosas de segunda mano porque a los que están arriba no les interesa y porque los que estamos abajo, o no tenemos tiempo para organizarlo o preferimos gastarlo en ocio. Además de que la mentalidad dominante dicta que es mejor quien lleva ropa nueva que el que la lleva usada y vieja.
Esa misma falta de mecanismos es la que lleva a que los supermercados tiren comida cada día. Productos pasados de fecha, con golpes o fruta demasiado madura. ¿Entonces también se puede conseguir comida de la basura? Sí. Aquí tenéis el post correspondiente.
Haced lo que os dicte el corazón, no la sociedad.
Más ejemplos: El ayuntamiento de Madrid pone camiones de recogida gratuita de muebles y trastos el cuarto lunes de cada mes, con lo cual mucha gente sale a buscar cosas. Aquí tenéis un pequeño y simpático reportaje de dos chicos que cuentan la experiencia de salir a buscar en una de esas noches.